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Por su distribución arquitectónica, cada cabaña
tiene una privacidad a toda prueba, que desde su interior, principalmente
en su amplio living, traduce la sensación de que cada hospedado
se siente absolutamente dueño del bosque, de las montañas con
sus picos nevados y del lago Nahuel Huapi, que se meten a través
de los ventanales.
Cada una de las cabañas lleva el nombre de
un árbol nativo de los boques andinos patagónicos, y un dato curioso:
un ejemplar añoso de cada uno de ellos, se señorea en el parque
y cerca de la escalera de acceso a cada aposento. Todas están
construidas con troncos, maderas y piedras de la región.






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